21 marzo 2011

¿En qué se ocupa la iglesia (y en qué se deberia ocupar)?



Es en períodos como el electoral (o cualquier coyuntura en la que los asuntos nacionales ocupan casi todo el papel y minutos de los medios) cuando el clero local y regional aprovecha para lanzar sus diatribas doctrinarias para hacer la alharaca que tanto les caracteriza.

Entre Bambarén, Del Río Alba y Cipriani se mandan con sus mensajes imperativos y coactivos disfrazados de "sugerencias". Lamentablemente, aún existen muchas personas que se asustan con esas cosas como "votar por candidatos que favorecen el aborto es pecado mortal" (sic. Del Río Alba), lo cual ratifica la idea de que todo mensaje religioso que se precie de efectivo debe sí y sólo sí, venir acompañado de su amenaza con olor a azufre eterno.

El señor Bambarén, mensajero del "amor" del matón invisible, declara (con el orgullo intolerante del que le provee su conveniente ignorancia): "¿Por qué hablan tanto de ‘gay’? Hablemos en castellano, en criollo, (son) maricones”. Allí la muestra de esa dualidad con la que tienen a los fieles pisando huevos, siempre temerosos de estar agradando a un dios que les dice "te amo" mientras les rompe el alma a chicotazos, como marido celoso pegalón.

El Jefe de éstos últimos, ése de sotana más ficha, Cipriani, no se queda atrás.  Éste exige hace poco que los candidatos se pronuncien, entre otros temas, sobre la unión entre homosexuales, no sin antes mencionar, por si se les ocurre hacer alguna mencion favorable, que “la naturaleza dice que no es correcto”.

Nuestro país laico en el papel, tan confesional en la práctica!. Estos tres ejemplos son una muestra bastante representativa sobre los temas a los que se abocan los miembros de la iglesia (al menos para afuera). Es vergonzoso cómo se han mostrado al disminuir importancia a las atrocidades que su organización ha permitido a sus miembros, incurriendo en un asqueroso silencio cómplice durante quién sabe cuánto. Ante éstas críticas, suelen hacer esos mea culpa tan cínicos (sólo ante la inminente exposición pública de sus fechorías). Sin embargo, nunca insisten en entregar a las autoridades a los pedófilos, abusadores físicos y psicológicos y corruptos, y no asumen responsabilidad real alguna sobre los largos períodos de silencio y secretismo al respecto. Y no lo hacen porque les resultaría costosísimo recuperar ese falaz prestigio que gratuitamente les ha conferido el temor de los fieles, toda vez que resulta inocultable que nada está por encima de su imagen y poder, ni siquiera la vida de cientos de miles (no exageraría si dijera millones) de jóvenes a los que les han cagado la existencia.

Así que, algo podría creerles si por una vez sacaran la lista de delincuentes que protegen. O por lo menos que se dejen de estupideces como la de pretender hacer santo al papa "chévere" Wojtyla, encubridor de tanta maldad en virtud de la soberbia consigna que mueve todas sus acciones. ¿Es posible esto? Mmmmf...difícil si no imposible. Imposible porque dedicarse a lo que deberían sentirse obligados a atender es abrir una puerta que bajo ninguna circunstancia sucedería sin significar su inminente decadencia. Entonces, hasta que la feligresía comprenda que se está bien (muy bien) sin sostenes supersticiosos, el activo principal del dominio económico, político, científico y social de la infusión del miedo seguirá vigente hasta entonces, financiada por la esperanza de millones que, aterrados con la perdición, seguirán creyendo, por inocente convicción o por el tonto y cobarde "por si acaso", en el cuento de hadas que en nada se diferencia de los Thundercats, los Pitufos o Pokemón.

Sin embargo, formo parte de un grupo muy reducido (por ahora) como para conseguir un cambio inmediato. Para muestra, vea Ud cómo los políticos en contienda suelen tenerle terror a los temas que colisionan con las doctrinas religiosas. Estoy seguro que muchos de ellos son (al menos en la práctica) tan ateos como yo, pero es sabido que la masa crítica de electores todavía cree que a sus hijos los ojean y que su dios será testigo presencial cuando estén marcando la cédula.  Por lo tanto, emitir opinión contraria a los pastores irá en desmedro de su aceptación pública y lógicamente de sus posibilidades de calentar alguno de los tan deseados asientos del parlamento durante cinco impunes e inmunes años.

Saludos