15 marzo 2010

El efecto secundario de ser Animales Inteligentes

Uno de los pocos conceptos rescatables de mi paso por los cursos de Administración (pura teoría) fue el del "efecto Pigmaleón". Dice el mito que este señor de nombre tan particular se enamoró profundamente de una escultura femenina que él construyó. Como resultado de este amor efusivo, la mujer-estatua se hizo de carne y hueso. Este concepto se aplica a situaciones en las que uno fija un concepto sobre alguien para el que no admite objeción. Consecuentemente, ese concepto se hace realidad (literal o figuradamente) y nos refuerza aún más dicha idea inamovible. El ejemplo típico es el de una persona a la que se le encarga una labor para la que no es idóneo. Esta persona se desempeña negativamente y genera un concepto negativo sobre sí. En consecuencia, se convierte en un burro, un animal, un incapaz, un inepto. Y se fregó, siempre será considerado como tal, no importa si es capaz de desempeñarse de manera sobresaliente en un área o cargo más acorde con sus habilidades.

Empecé este post con ese ejemplo sólo para  darnos cuenta de lo negativo que puede resultar el razonamiento humano. En su afán por encontrar respuestas a sus preguntas o simplemente para reforzar una idea propia y conseguir evidencia que le sume validez, el ser humano es capaz de transformarse en la especie más incoherente, bestia y poco inteligente de todas.

La inteligencia, mucho más compleja que conocer las capitales de Burundi, Congo o Mali (Bujumbura, Brazzaville y Bamako, por si acaso) o conocer los primeros 28 decimales de Pi, es un arma de doble filo que nos hace ver muchas veces como unos reverendos cacasenos

El ser humano es experto en encontrar respuestas. No importa si no tienen sentido. Lo importante es que un número razonablemente grande de nosotros las valide para que se establezcan como verdades irrefutables. Mire a su alrededor y encontrará muchas, incontables. Esta "habilidad" resulta en una discapacidad cuando la flojera se apodera de nosotros. Cuando nos demoramos mucho, inventamos. Lo que sea, puede tener respuesta. Como decir por ejemplo que la sequía o la peste reflejan la furia de los dioses, que el bebe llora porque lo han "ojeado" o que el negocio no salió porque el diezmo fue demasiado misio.

Estos grandes defectos, o grandes taras, que afectan gravemente nuestra realidad colectiva, no se circuscriben sólo a la capacidad del hombre para inventar sandeces que reemplacen verdades. También afectan nuestra calidad como personas. Señal de ello es precisamente la cantidad inconmesurable de apreciaciones negativas que cargamos como mochilas de piedra: racismo, homofobia, entre otras discriminaciones. Muchas veces con origen cultural y peor aún, religioso, estos estúpidos conceptos son una clara señal de que ser inteligentes trae un lastre dificilísimo de dejar en el camino. Es irónico cómo nuestra inteligencia nos permite reconocer que somos una manada de monos llenos de defectos, sin embargo no es tan grande como para permitirnos eliminarlos. 


El temor hacia lo desconocido nos convierte en un grupete de odiadores impenitentes. Se odia todo lo que no se entiende, o se le clasifica como negativo. Peor todavía, se le explica con conceptos fabuloides sin sustento alguno que se adoptan en claro gesto facilista y subdesarrollado. En ese sentido, creo que hemos evolucionado CERO en este aspecto. 

  • Así como en el medioevo se quemaba a las brujas, hoy se quema a los homosexuales
  • Así como en los 50s se consideraba a la raza negra como infinitamente inferior a la blanca, hoy los musulmanes creen que reventarse en pedazos dentro de un bus lleno de occidentales demoníacos los hace "santos"
  • Así como en alguna época se segregaba a los leprosos, hoy se segrega a los seropositivos (y es peor porque se sabe mucho sobre el asunto)
  • Así como hubo locos acomplejados como Hitler que proyectaban sus propios complejos de inferioridad en sus atrocidades, hoy existe Kim Jong-il en Corea del Norte, tan o más loco y psicópata que el enano orate de la Alemania nazi
  •  Así como las cruzadas cometían atrocidades en nombre de la evangelización, hoy las religiones despojan de sus bienes a los pobres en nombre de la salvación

Podriamos seguir haciendo un paralelo por 50 lineas más, pero creo que queda clara la idea.

Mi esperanza es que en unos 50 años, mis nietos me cuenten que en sus clases de historia están estudiando sobre estas cosas como cuando a nosotros nos enseñaban el concepto de la trepanación craneana de la cultura Paracas como algo pre civilización, más cercano al chimpancé que al sobrecalificado homo sapiens. Fuera de los ipods, poco hemos evolucionado humanamente. A juzgar por las herramientas con las que contamos hoy, podríamos concluir que hemos, en cambio, INvolucionado.

¿Cómo nos verán los marcianos? Asumiendo que están en mejor pie evolutivamente hablando, tal vez no nos colonizan todavia porque tienen miedo que se les pegue la tara. Tal vez los inventores de tanta taradez estarían más que satisfechos (y seguramente sorprendidos) de cómo han prevalecido las ideas que se propusieron propagar en una borrachera memorable hace unos 2500 años.


Les dejo un deplorable ejemplo de lo mal que andamos y de lo poco que hemos avanzado:






Saludos,

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuan cierto es este post. Creo que en el fondo todas estas lacras de la humanidad tanto las de ayer como las de hoy no son mas que la consecuencia de las inseguridades personales y colectivas. Sumemos a ello el deseo de control sobre los demás y tenemos una mezcla venenosa. Es lamentable que la religión (todas) sea impulsora y muchas veces la causa de tanta intolerancia. Pero si nos detenemos a analizarlo, se explica en las propias inseguridades del que "cree porque cree", es decir del que cree en base a la fe. La fe, esa fuerza tan admirada por los creyentes, es una virtud para ellos, en realidad no es mas que la tara principal que los ilumina. Creer "porque sí" refleja esa involución a que se refiere el post. Que poco hemos avanzado en realidad.

LMP dijo...

Graciasp por tu comentario. Es lamentable pero tienes muchisima razon. Si analizamos bien, pocas taras y prejuicios no tienen algun origen supersticioso.
Saludos

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