23 octubre 2009

La Píldora del Día Siguiente... si tienes plata.



En estos días el debate sigue calentón respecto de la despenalización del aborto. No teniendo suficiente y, en mi opinión, en una demostración del poder que ostenta la iglesia católica en nuestro estado laico bamba, el Tribunal Constitucional nos sale con el estate quieto de la prohibición a la distribución gratuita de la píldora del día siguiente. O sea que, ahora, sólo los que tengan la plata podrán acceder a ella. Ya voy entendiendo por qué la iglesia siempre está al lado de los pobres. Usen Neko señores del TC, la próxima vez que se laven las manos cochinas.

Considero, igual que con el aborto (en los casos específicos del debate que ocupa al país), que esto es una intormisión matonezca en la decisión sobre el rumbo de la vida de las personas. Lo peor de todo es que la pildorita susodicha está agrupada junto a otros métodos anticonceptivos que tranquilamente podrán ser prohibidos en su totalidad, en un ya no tan descabellado escenario. La prohibición de la distirbución gratuita de este producto ocurre por dudas sobre su efecto abortivo. Pues, ubi dubium ibi libertas (donde hay duda, haya libertad). Esta imposición sobre cómo debe la mujer decidir en su ámbito íntimo me parece por decir lo menos absolutamente arbitraria.

Presiones van, presiones vienen. Es evidente que el TC, conformado por un grupo de tontos útiles, ha patinado duro. Especialmente en pleno debate sobre la despenalización. Yendo un poco más allá, no sería extraño que se prohiba el uso del fármaco en un futuro probable. No me queda duda de que el débil organismo ha cedido ante las presiones de grupos lamentablemente influyentes. Grupos que no sólo consideran que el uso de ésta píldora debe eliminarse por completo, sino que los condones, los anticonceptivos orales, los implantes, los DIUs, etc. corran la misma suerte porque a ellos no les parece. Si su intención es mantener el lecho del matrimonio inmaculado, pues que sea el suyo y que no quieran obligar al resto a adherirse a sus morbosas percepciones. Y si el argumento sigue siendo el método del ritmo, que lo bailen ellos. Y si la concepción de hijos debe ser mandato de alguna entidad fantasmal, pues dependan ellos de ella.

En este sentido (o sinsentido), ¿cuál es la posición de la iglesia (coincidencia) sobre los métodos anticonceptivos? (1)

La Iglesia entiende que los esposos pueden desear en algún momento dentro del matrimonio, espaciar el nacimiento de los hijos por motivos realmente graves (nunca por egoísmo o comodidad).

La Iglesia, en estos casos extremos, permite hacer uso de los períodos infértiles de la mujer. Es decir permite la utilización de métodos, en los que la abstinencia en los períodos fértiles disminuye la posibilidad de un embarazo.

No especifica cuáles son esos motivos graves, pero por el tono del argumento, deben ser estadísticamente raros. Aunque, hasta acá, la iglesia parece aceptar (sólo en esos casos) el uso de algunos métodos. Pero, cuáles son? Pues, en efecto, ése, el del bailecito, el del ritmo. Y para rematarla, en su más puro estilo restrictivo, privador y abusivo, sataniza y considera moralmente ilícito el uso de cualquier otro método. ¿Whaaaaat?



Así es pues, Ud no decide. Para su comodidad, ya tiene a un comité que lo hace por Ud. Y más vale que les haga caso. (2)
Por lo mismo, la Iglesia indica que en tales casos los esposos pueden recurrir a aquellos métodos que ayudar a conocer cuáles son los días de potencial fertilidad para evitar, en tales días, las relaciones sexuales. Entre tales métodos tiene especial validez el método de la ovulación o método Billings, que ayuda a los esposos a vivir la propia sexualidad, en el máximo respeto de la dignidad de la mujer.

Es moralmente ilícito recurrir a los métodos naturales o artificiales que impliquen negar o rechazar la dimensión fecunda del marido y de la mujer, es decir, que permiten realizar el acto sexual en un modo que busca solamente el placer. Son todavía más inmorales, aquellos métodos que no sólo no impiden la fecundación, sino que pueden ocasionar un aborto precoz (como en el uso de la espiral o en la reciente distribución del RU486).





¿Dignidad de la mujer? Increíble, no me dejan de sorprender. Esto es Perusalén.

Es realmente una pena.

Saludos

(1), (2): Obtenido a duras penas del dignísimo portal catholic.net